El 2020 obligó a la cuarentena, pero trajo la period de las pijamas


Un repunte en casos de COVID-19, un segundo confinamiento, el invierno y la temporada decembrina nos han traído a este momento forrado en popelina de algodón y tejidos de punto suaves.

Mariela Rovito ha estado metida en el mundo de las pijamas desde 1996, cuando cofundó la marca de ropa para dormir Eberjey. Unos 12 años después la compañía tuvo su eureka con el modelo Gisele, una variación de la centenaria pijama de hombres británica. La versión de Eberjey consiste en una camisa con cuello y detalles de bies, y un pantalón con cintura elástica, ambos confeccionados en tela suave de camiseta. Muy pronto este diseño se convirtió en la gallina de los huevos de oro de la compañía. En 2018, Eberjey recibió el toque de oro de Oprah, quien declaró al Gisele (que cuesta 120 dólares) su pijama favorita y luego fue grabada con un conjunto negro sirviendo tragos de tequila en una pijamada de adultos.

Pero nada ha impulsado tanto el negocio como una nación obligada a quedarse en casa. Hasta ahora las ventas de Eberjey se han disparado en más de 300% en el cuarto trimestre del año respecto al anterior. “En muchos sentidos, el virus nos ha forzado a mirar hacia dentro”, cube por teléfono Rovito, vestida en un pantalón Gisele con una blusa en tejido de punto como su atuendo de trabajo. “El lado positivo es un cambio en nuestros horarios: ya no nos transportamos al trabajo. Un regalo de tiempo que muchos recibimos con los brazos abiertos. Estamos necesitando algo de confort, un poco más de tiempo para nosotros mismos”.

Para tiempos duros, ropa suave. “Estamos teniendo un momento pijamesco”, cube Lorna Corridor, directora de inteligencia de moda para WGSN, la compañía international de pronóstico de tendencias, y añadió: “Queremos invertir más en el hogar y en lo que vestimos ahí. Si estamos en casa todo el día, el valor de lo que vestimos cambia, y también su significado”.

Y, por lo tanto: el ascenso de las “pijamas de lujo”. Para quienes tienen la fortuna de poder costearlas y de trabajar desde casa, sin olvidar que “tener la fortuna” es un término relativo en un año en que todo es relativo. Todos somos parte de la hermandad de los pantalones no viajeros.

Nadie necesita pijamas. Una camiseta vieja, calcetines abullonados, un bloque de cobijas y con eso tienes. Pero tampoco nadie necesita joyería. Las pijamas son una cuestión de solaz y deseo. Ofrecen el regalo de parecer mucho más organizados de lo que somos en realidad. Podremos ser un desastre emocional, pero al menos nuestra pijama hace juego.

Las ventas de pijamas del mes pasado fueron 200% más altas que las de noviembre de 2019, según Adobe Analytics. Esto después de un pico de 143% en abril con respecto al año pasado, durante los primeros confinamientos por la pandemia. Se proyecta que la ropa para dormir, las sudaderas, los pantalones de chándal y algo denominado “partes de abajo activas” —a lo que en colectivo se les conoce como “ropa cómoda”— van a constituir casi una tercera parte de toda la venta de ropa en el cuarto trimestre del año, según reporta la firma de investigación de mercados NPD. “Los sitios internet de ropa están muy enfocados en lo ‘acogedor’ y lo ‘cómodo’”, cube la analista de NPD Marie Rugolo. “Todo gira entorno a la calidez y el estar juntos”.

Muchas de las pijamas compradas en el mes de diciembre serán rojas. Algunas de esas compras estarán motivadas por una necesidad performativa de compartir una foto acquainted en trajes navideños coordinados en redes sociales: la versión del siglo XXI de la carta decembrina que sirve tanto para felicitar como para presumir, pero añadiendo al perrito por si acaso. Esta tendencia de la década pasada puede atribuirse a movies musicales en YouTube, inmensos esfuerzos promocionales de Goal, y a Pajamagram y otras compañías que arteramente maquinaron una manera de cuadruplicar sus ventas de unas prendas cuya vida útil es tan breve que resulta ridículo.

Hace algunos años —nadie sabe con certeza la fecha— el camisón murió. “Los camisones son demasiado reveladores. Se siente que uno está de algún modo desnudo”, cube Clare Sauro, historiadora de la moda de la Drexel College. “La mentalidad es que están pasados de moda, son complicados y parecen formales”. Confinado mayormente a la recámara, el camisón no funciona para trabajar ni para cuando alguien llama a la puerta con un paquete, un concepto que mencionan constantemente los proveedores de pijamas.

Durante la pandemia, y sin duda en los meses más fríos, muchas mujeres usan pantalones, dejando los vestidos y faldas en el clóset a enmohecerse. “Hemos visto al vestido volverse menos importante como categoría”, cube Shawn Grain Carter del Instituto de Moda y Tecnología. “El vestido ha quedado abandonado, al igual que el camisón”. La marca de estilo de vida Hill Home Dwelling tuvo un éxito este año con el vestido de siesta, un vestido insistentemente femenino con un corpiño fruncido y mangas voluminosas diseñado para descansar, posando para Instagram con actitud sombría en una lancha; el atuendo preciso para un diván estilo Mad Males. Pero al parecer es la última cosa en la que querrías dormir o aparecer en una llamada de Zoom.

Las pijamas pueden estar en tendencia pero raramente siguen tendencias, lo cual es parte de su encanto. Ahora que muchos de nosotros hemos renunciado a los botones en nuestra ropa de día, seguimos usándolos en la cama. “La silueta no cambia. Fue la categoría más fácil de diseñar para mí”, cube Jessica Krupa, profesora en el Instituto de Moda y Tecnología en Estados Unidos, y quien ha creado ropa de dormir y ropa inside por 20 años. “Cuando estuve en Victoria’s Secret, cada vez que hacíamos un nuevo estilo, como un enterizo corto, nunca se vendía en gran volumen. Esta estética sigue siendo la ganadora”. El cambio en el diseño de pijamas es algo tan tectónico que la adición de bolsillos en los pantalones es un giro radical.

Las pijamas son otro vestigio del régimen imperial británico, adaptado de India y adoptado desde fechas tan antiguas como el siglo XVII por los auténticos “pavorreales”, los hombres europeos. Las mujeres comenzaron a usar pijamas al inicio del siglo XX y no simplemente para dormir, sino para andar por casa. Había pijamas formales de anfitriona, pijamas de playa que se usaban en la Riviera y la pijama para haraganear de Claudette Colbert en Sucedió una noche (Capra, 1934). Las pijamas eran modernas, al liberar a las mujeres de los corsés y otras malévolas restricciones. También son el extraño artículo de vestir que inspiró un musical de Broadway en 1954, Juego de pijamas, el cual le dio al mundo la divertida y pegajosa canción “El escondite de Hernando”, así como una trama sobre el poder de los sindicatos y un aumento de siete centavos y medio.

Las pijamas te perdonan las transgresiones cotidianas y el pan que te comes aquí y allá. Son regalos populares porque no se necesita saber las medidas exactas del destinatario. Son la antítesis de los vaqueros ajustados, porque se ven bastante iguales en todo mundo.

El cambio llega a manera de telas y estampados, con frecuencia entre más locos mejor. Suelen ser recatadas en corte y expresivas en patrones. “La gente se puede poner un estampado juguetón y extravagante en su propia casa, algo que jamás usaría fuera de ella”, cube Holland Felts, vicepresidente de ventas de la marca Bedhead Pajamas. La compañía saca nuevas “cápsulas” cada mes con estampados que dicen cosas como “¡Salud!” y “¡Juguemos Monopoly!”. Mindy Kaling se ha convertido en la cara no oficial de la empresa, usando sus pijamas en su present homónimo (The Mindy Undertaking) y posando en Instagram en conjuntos coordinados con sus hijos.

Amy Voloshin, quien lanzó Printfresh en 2019, cube que su modelo más vendido es el Bagheera (de 132 dólares), un estampado que muestra leopardos en la naturaleza, producido en India y disponible en cuatro colores. “Fue el producto adecuado en el momento adecuado. Todo mundo está en casa. Hay mucha demanda”. Sus ventas aumentaron 500% en el último año y recientemente firmó un acuerdo para producir pijamas para la cadena Anthropologie.

Estaremos en casa durante las fiestas. Y cualquier otro día. Para la próxima primavera y verano, Corridor, la profesional del pronóstico de tendencias, prevé que el deseo de ropa cómoda continuará, y que aparecerán más detalles femeninos en las prendas, así como influencias de la danza y florituras delicadas. Ahora que hemos abrazado el mundo de la ropa suave, no nos ve regresando por completo a nuestras viejas costumbres de andar en ropa estructurada. “Hemos migrado a ropa más informal, las pijamas son parte de eso”, cube Corridor. “Eso ya cambió para siempre”.





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